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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

11ş Domingo después de Pentecostés, 12.08.2012

Sermón sobre Marcos 6:1-15, por Cristina Inogés Sanz

 

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Que el Señor ilumine su rostro sobre nosotros.

Y ese ¿quién es?

Cuando alguien a quien no conocemos llama nuestra atención por algo, solemos preguntar: Y ese ¿quién es?

Cuando alguien a quien conocemos desde siempre llama nuestra atención por algo, solemos preguntar: Y ese ¿quién es para hacer o decir o actuar...?

Cuando alguien hace algo que nosotros no hacemos, lo conozcamos o no, la pregunta siempre empieza igual "Y ese ¿quién...?"

Esto es lo que pasaba con Jesús. Sus paisanos parecían no haberle visto nunca. Puede que ser el hijo más famoso de un pueblo despierte más envidia que gratitud entre sus habitantes.

Todo esto de dudar siempre, o casi siempre, del prójimo y no querer entender la cantidad de medios por los que Dios se acerca a nosotros, tiene que ver con el proceso de la conversión, con la opción fundamental, con el modo en el que vamos asumiendo nuestro ser y actuar.

Vivir el dinamismo de la conversión desde la experiencia cristiana (se puede vivir desde otras opciones religiosas), implica vivirlo desde una motivación precisa y ésta es seguir a Cristo.

La conversión no es fácil de definir con una palabra o expresión. El significado de la misma implica un deseo de retomar una realidad que no responde al dinamismo cristiano para cambiarlo, o renovarlo. A nivel personal implica la disposición de cada uno al cambio, el replantear las relaciones de todo tipo, el modo de vivir cualquier realidad.

La conversión implica un constante esfuerzo de crecimiento, de evolución, de no tener miedo a cambiar, de no cerrarse en aspectos meramente religiosos y abrirse, sin miedo, a eso que hoy en día se oye muy poco decir: yo creo.

Y si llegamos a decir ‘yo creo', no vayamos a pensar que el proceso de conversión ya ha terminado. ¡Ni mucho menos! Si decimos ‘yo creo' pero ahí se queda todo, seremos como un texto en pdf, inamovible. Ciertamente hay programas que permiten transformar el pdf en Word, pero siempre hay fallos en el cambio. Nunca queda el texto completamente bien.

Si por el contrario decimos ‘yo creo' y esa afirmación conlleva abrirnos a la transformación de la conversión, seremos un texto en Word capaz de ser modificado, completado, embellecido, perfeccionado.

Sólo trabajando en Word la conversión seremos capaces de rechazar la imagen falsa del ser humano; de cooperar para llevar a cabo la transformación de la sociedad hacia una convivencia que exhale evangelio; podremos entender que la conversión no es lago tan aparentemente individual, sino que surge más fácilmente de la relación solidaria de la existencia y, seremos capaces, de todo lo que se nos ocurra que nos haga crecer como personas y como miembros de una comunidad.

Si nos mantenemos en pdf, seremos un texto para la historia pero no de la historia porque nos habremos anclado en el pasado y no podremos integrarnos en la historia de cada día. Y la conversión cristiana tiene que, por fuerza para ser llamada así, incorporarse al núcleo fundamental de la historia, de la vida para que sea significativa en cada momento. Para que se vea el cambio de afirmar en Word "yo creo".

No es tarea fácil. Tampoco creamos que es tarea imposible. Es tarea de cada día. ¡Qué les pregunten a los discípulos si pese a todo lo que veían y escuchaban de Jesús, en primera persona, les fue fácil llegar a decir "yo creo!

Y a tener en cuenta lo ligeros de equipaje que van los discípulos por el mundo (vv 8-9).

Por cierto, cambiando un poco la pregunta inicial, ¿quién soy yo? ¿qué soy yo?

 



Cristina Inogés Sanz
Zaragoza (Espańa)
E-Mail: crisinog@telefonica.net

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