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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

9. Domingo después de Pentecostés, 29.07.2012

Sermón sobre Marcos 6:30-34, por Cristina Inogés

 

 

Tiempos complicados

Puede parecer un poco paradójico que, ante la complicada y durísima realidad que tenemos, se aconsejara el descanso como medida de obligado cumplimiento.

Da la sensación de ir contracorriente: ampliación del horario laboral, reducción del salario, subida de impuestos... Todo parece indicar que lo que habría que hacer sería entregarse al trabajo casi de forma frenética.

También es verdad que quien se encuentre sin trabajo pensará que, aquellos que de momento lo tenemos, nos podemos permitir ciertos comentarios ya que no sufrimos la angustia del paro. Es cierto. Tienen razón. Pero el verdadero descanso, el de obligado cumplimiento, no es el ir de vacaciones a la playa o a la montaña o a algún país exótico; el verdadero descanso es el del rencuentro con uno mismo, aquel descanso que nos lleva a recuperar nuestra realidad de personas.

Nadie es sólo una realidad. Todos somos padres, madres, hijos, hermanos y además trabajamos, buscamos trabajo, estudiamos, hacemos deporte, soñamos con una realidad más justa y todo lo que se quiera añadir pero para poder vivir esa realidad compuesta de pequeñas (o grandes) realidades, es necesario ser persona. Y la persona, necesita el descanso. Por si alguien lo ha olvidado también Dios descansó al séptimo día de la creación (Cf Gn 2,2-3).

El trabajo es necesario pero no es un bien al que haya que supeditar todo. No hay que convertirlo en el ‘dios' del ser humano. Si el trabajo se hubiera visto como un bien pero no como un absoluto, tal vez nos hubiéramos ahorrado la esclavitud y lo que costó su abolición; las luchas obreras por unos derechos justos, en el siglo XIX; los Estados totalitarios, que con todo tenían poco; y, por hablar de hoy en día, no tendríamos que condicionar todo a ganar, ganar y ganar. Eso sí, algunos, no todos.

Hay una escena de la versión de la película Sabrina, protagonizada por Harrison Ford y Julia Ormond, en la que los protagonistas toman un helicóptero para ganar tiempo y llegar antes al aeropuerto ya que se dirigen a una casa preciosa, en Martha's Vineyard, para hacer unas fotografías. Él pretende vender la casa (o así se lo hace creer a ella). Cuando él le explica que toman el helicóptero para ganar tiempo, ella pregunta: ‘¿Y qué hace con el tiempo que ahorra?'. El, no sabe qué responder. Cuando él le comenta que hace años que no visita la casa de la costa, ella dice algo así: ‘¿De qué sirve tener una casa así si no tiene tiempo de disfrutarla?'. El, tampoco sabe qué responder.

Tal vez este sea el problema. Ganamos tiempo ¿para qué? Para trabajar más, para producir más, para trabajar más, para producir más... Ganamos dinero ¿para qué? Para no tener tiempo de nada ya que nos pasamos la vida pensando como ganar tiempo para trabajar más...

Otro ejemplo que podría ilustrarnos sobre la locura en que vivimos podría ser ‘El avaro', de Moliere. Harpagón, el protagonista, se pasa toda la obra valorando mucho más el dinero que a él mismo. En un momento de la obra, Harpagón, el avaro, declara que pondrá escrito con letras de oro sobre la chimenea esta leyenda: ‘Hay que comer para vivir, pero no vivir para comer'. Es la contradicción pura. Es un ser humano no muy diferente a los de hoy en día.

El descanso es un valor, es bueno, es necesario, es de obligado cumplimiento. Jesús busca el descanso para sus discípulos, les procura el bienestar que necesitan tras haber cumplido con la misión encomendada.

Estaría bien ponernos como ‘obligación' un poco de serenidad y descanso. Nuestra actividad laboral, nuestra vida familiar y social y cada uno de nosotros lo agradecerán.

 



Cristina Inogés
Zaragoza (Espańa)
E-Mail: crisinog@telefonica.net

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