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ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

7. Domingo después de Pentecotés, 15.07.2012

Sermón sobre San Marcos 6:1-6a, por Pablo Munter

 

 

Estimados hermanos y hermanas.

Escuchamos el mensaje bíblico para el domingo de hoy: 1 Jesús salió de allí y fue a su tierra, y sus discípulos le siguieron. 2 Y cuando llegó el sábado, él comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos quedaban atónitos cuando le oían, y decían: --¿De dónde le vienen a éste estas cosas? ¿Qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¡Cuántas obras poderosas son hechas por sus manos! 3 ¿No es éste el carpintero, hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también sus hermanas aquí con nosotros? Y se escandalizaban de él. 4 Pero Jesús les decía: --No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, entre sus familiares y en su casa. 5 Y no pudo hacer allí ningún hecho poderoso, sino que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6 Estaba asombrado a causa de la incredulidad de ellos.

"Y él se asombraba de la falta de fe".

A pesar de que le reconocían a Jesús un don especial de sanación, lo que les costaba aceptar era que él era "un tipo común", uno que había nacido de entre ellos. Era identificable: "el hijo de".

Que difícil es esa carga de ser "hijo de". En mi ciudad natal eso no decía nada, pues en una ciudad de 300 mil habitantes uno pasa más desapercibido, pero en pueblos chicos como en el que estoy viviendo ahora, eso es un peso grande, para bien o para mal.

Para bien porque uno ya antes de nacer goza del privilegio de tener un apellido, ser el "hijo de alguien", del jefe comunal, del comisario del pueblo, del doctor, de tal personaje.

En algunas ocasiones, esto de ser el "hijo de" también te da ciertas ventajas. Porque sos el "hijo de" podes hacer determinadas cosas que otros no pueden hacer.  

Para mal porque uno lleva como una marca prestada y esta obligado a no defraudar la buena (o mala) fama que hicieron los padres. Cualquier error o desvío es más condenado que si fueras el hijo común de alguien común.

Pero... ¿Qué se podía esperar del hijo de un carpintero común en un pueblo que no sea que siga siendo carpintero? Antiguamente algunas cosas eran más fáciles que ahora. El hijo de un carpintero debía ser carpintero. No se podía permitir el lujo de ir a la ciudad vecina y volver después de unos años con un título bajo del brazo. ¡Y mucho menos lanzarse por las calles a predicar y a hacer milagros!

A mi paso en mi congregación de origen. Alguna vez alguien se animó de preguntarle a mi padre ¿Cómo es posible que un hijo suyo, siendo él un prestigioso empresario de alto nivel, tenga un hijo que, para no ser vago, se metió a estudiar de pastor?  ¡Justo ese que era un bandido, que hacia tal o cual cosa de chico!

Por eso creo que el dicho que dice: "Nadie es profeta en su tierra" tiene su verdad. Se hace difícil lidiar con la vida de uno, su pasado, su historia.

Y pasa que solemos resaltar los defectos de cada uno y no las virtudes. O el hecho de que uno pueda cambiar y ser diferente. Cuando a uno le pusieron un rótulo en la vida, es muy difícil sacárselo. Cuando uno es el "borrachín" del pueblo y decide cambiar su vida, uno de las dificultades más grandes que encuentra es que ya es tanta su fama, que aunque cambie de vida, nadie le va a creer.

¿No es este el hijo de? Además, como si fuera poco, ¿De dónde aprendió todo esto? ¿En la carpintería? Era evidente que Jesús venía a distorsionar la mediocre tranquilidad de un pueblo que no aceptaba los cambios y las nuevas ideas que él proponía.

¿No es este el hijo de...? ¿Y no es el hermano de? ¡Si! Jesús tuvo hermanos y hermanas. ¡Era humano! Una cosa es que desde la teología se diga que es el "hijo único de Dios" y otra, muy distinta es darle a ese hijo de Dios una familia, común como cualquiera, viviendo y siendo uno más del montón, tratando de ganarse la vida como cualquier otro ser humano, que vive y lucha como cualquiera.

Cuando en la teología hablamos de "Hijo único de Dios" nos referimos a que Jesús es el único que obedeció fielmente a sui padre celestial, es el primer hombre que vivió como Dios quería, que supo interpretar cual es la voluntad de Dios.

Jesús, el Cristo, el Mesías, era el hijo común de una familia común que se ganó el título de "Hijo único de Dios" por su amor incondicional a la causa de Dios: por eso pudo sentirse tan cerca, tan unido a Dios, y sentirlo como un padre, amoroso y compasivo, y no como un ente distante, vengativo y castigador.  O, un Dios que me sirve para justificar lo que quiero decir o hacer... justamente Jesús, un hombre común de carne y hueso, supo interpretar cual era la voluntad de Dios: que toda criatura pueda llegar a obtener la felicidad plena, que es amar al prójimo (y como causa necesaria prima face es la de desprenderse de uno mismo y de todo lo que lo ata a uno, como el dinero, la familia, la tentación del poder, la ambición de ser mas y mejor que el otro...) y entregarse por amor al otro, aunque eso implique la cruz.

Solo quien logra eso puede tener el derecho de llamarse "Hijo de Dios". Solo quien logra eso puede ser "único".

Lo otro es tener una familia, padre y madre, hermanas, hermanos.... No necesariamente los hermanos de Jesús eran "únicos".

Hace poco traté de explicarle todo esto a una hermana de la iglesia que estaba preocupada porque toda la vida le hicieron creer que Jesús era hijo único. Y lo era, en el plano espiritual, el de cumplir la voluntad de Dios.

No se si esta hermana me entendió. Es un poco complejo, pero no deja de ser una cuestión teológica.

De lo que si estoy persuadido es de que todos podemos ser "hijos únicos de Dios". Somos hijos de Dios... cuando seguimos gozando del privilegio de llevar un apellido que nos da pertenencia: "de Dios". Somos "únicos" cuando cumplimos fielmente con nuestra misión de seguir con la obra de Dios, de lograr una humanidad igualitaria frente a los ojos de Dios, sin que haya divisiones de raza, color, credo, o poder adquisitivo.

Mientras que sigamos preocupado por ver quien es quien y que hace cada uno, o "hijo de quien" es cada uno, buscando detrás de eso poder o ciertos privilegios, va a pasar que no vamos a dejar que el amor de Dios actúe.

Jesús no pudo hacer mucho en su propio pueblo, porque le pesaba la chapa de ser "hijo de", en ultima instancia, es como decir uno más del pueblo. No lo dejaron se "único", diferente, cumpliendo el mandato del padre celestial.

Me pregunto si nosotros lo dejaremos para que podamos ser "únicos" destacándonos en la obra de Dios.

Amén    

 



Pastor Pablo Munter
Santo Domingo, Santa Fe, Argentina

E-Mail: munterpablo@hotmail.com

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