Göttinger Predigten

deutsch English espańol portuguęs dansk

Startseite

Aktuelle Predigten

Archiv

Besondere Gelegenheiten

Suche

Links

Gästebuch

Konzeption

Häufig gestellte Fragen

Kontakt
ISSN 2195-3171





Göttinger Predigten im Internet hg. von U. Nembach

4. Domingo después de Pentecostés, 24.06.2012

Sermón sobre Marcos 4:35-41, por Fabián Paré

Acciones que calmen las tormentas

« ¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»

La presencia de Jesús entre nosotros/as nos conduce por ciertos caminos que pueden volverse ‘tormentosos', y se trata de tormentas que no se despliegan desde la actividad del Cristo, sino de las condiciones que ya estaban antes de su presencia. De forma metafórica, recordando aquella escena de la barca en medio de la tormenta, podemos decir que ‘las condiciones climáticas ya estaban instaladas para que se generen tormentas', y la acción de Jesucristo no viene a acrecentarlas sino a calmarlas. Podríamos subrayar dos momentos interesantes de esta situación descripta en el relato del evangelio de hoy: por un lado la acción ‘cristiana' de ‘aplacar los vientos' y ‘hacer sobrevenir la calma'; y otra cuestión es la pregunta de Jesús, que evidencia la falta de confianza en quién es Jesús y qué está dispuesto a hacer por nosotros/as.

Más allá de las realidades climáticas que nos atemorizan, dado que pueden resultar en catástrofes, que a veces consideramos ‘naturales' (luego de que el ser humano pone su mano en el mundo, ya no podemos seguir creyendo que los cambios climáticos y otras afectaciones del planeta siguen siendo ‘naturales'), hay un clima que se vive en la convivencia humana, un clima que puede tener equilibrios y desequilibrios. Cuando hablamos de una convivencia desequilibrada, es cuando la misma está controlada por un sistema violento, el cual podemos pensarlo desde situaciones que ocurren en los grupos familiares, hasta las situaciones de relación entre los estados en el mundo. Podemos pensarlo como ‘vientos' que atormentan la vida o lo que tiene vida, en particular los vientos que dañan la dignidad e integridad de las personas y pueblos. Si bien la dignidad e integridad no pueden prescindir de lo económico financiero, los ‘vientos' que mayor daño hace al ser humano, son la falta de una educación al servicio del desarrollo de la persona, la falta o debilidad de una cultura de trabajo, y la fragilidad de aquel tejido de valores que propugna el cuidado del Otro. Estas carencias son la fuente de los tormentos que nos toca sufrir, a veces como personas, a veces como familia, a veces como pueblo. Si bien el desafío es grande y muy importante, dado que procurar reducir estas carencias no es tarea sencilla (ni tampoco una tarea que pueda ser realizada por un solo grupo de personas o solo una institución o un solo gobierno, sino que debe ser confrontado por todos/as, cada quién en el nivel que le compete), no por ello debemos desconfiar de la posibilidad de llevar adelante el compromiso en esta tarea.

La tarea cristiana no consiste en reunir adeptos que avalen las ideas religiosas de determinado grupo, sino en lograr mancomunar esfuerzos para reducir las carencias arriba mencionadas, procurando calmar los vientos que atormentan la dignidad e integridad de lo que tiene vida. La acción cristiana tiene por consecuencia la calma, es decir que no puede tener como consecuencia los tormentos y/o daños de distintos tipos; el propósito cristiano en este mundo es el de procurar el equilibrio de los estados alterados que ya sufrimos como personas, familias y pueblos. Equilibrio que se refleja en la calma. Muchas veces nos sentimos superados por las situaciones que nos tocan vivir, y por supuesto nos cuesta recuperar la calma, son los momentos en que creemos que se nos ha perdido la fe, el desánimo y abatimiento gana terreno en nuestro corazón, hasta llegamos a creer que Dios nos ha olvidado y que por delante solo nos espera decepción y angustia, momentos en que nos sentimos morir lentamente. Jesús nos confronta y con su pregunta nos interpela en medio de ese estado: ‘¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?', claro que lo hace a través de la acción cristiana en este mundo, cuando alguien nos transmite aliento, cuando nos sentimos acompañados/as, cuando nos devuelven la calma en medio de nuestros tormentos, es Cristo actuando entre nosotros/as.

De modo que no se trata tanto de evitar las tormentas, dado que como humanos no podemos evitarlas, sino de confiar en la acción de Dios en Jesucristo, es decir confiar en que él tiene el poder de calmar estas tormentas que nos agobian, y que aun en nuestra debilidad y limitación, podemos llevar adelante acciones que conduzcan a la calma de los desequilibrios presentes en nuestras realidades.

 



P. Fabián Paré
3380 - Eldorado Mnes, Argentina
E-Mail: fabianpare@gmail.com

(zurück zum Seitenanfang)